EL SALVADOR
El sol de la mañana, la gente yendo y viniendo, subiendo y bajando de los autobuses en dirección al trabajo o a la escuela, nos hacía sentir más seguros. Trepamos todo sobre Bucéfalo y partimos a Pto. Libertad a 40 min de la capital.
Camino a al puerto tuvimos que cruzar un rio ayudados por los morritos del lugar para cruzar por los lugares menos profundos. Entre 8 no pudimos levantar a Bucéfalo para cruzarlo por el puente en construcción. Demasiada amabilidad no fue gratis, pues tuvimos que darles algunos ¨coras¨ como ellos le dicen a las pesetas, como recompensa a su gran sabiduría del terreno.
Anduvimos por el puerto, que en realidad es un puerto pequeño, lanchero, con un mercado de mariscos enorme. Mantarrayas recién fileteadas, anguilas de 2 metros colgando de enormes ganchos, cangrejos y langostas enormes, pescados de todos colores, tamaños, sabores, pero sobre todo olores.
Por supuesto que desayunamos unos filetes al ajillo recién sacados del mar con unas Pilsener, cerveza salvadoreña. Turisteamos cámara en mano por las calles del lugar, con nuestros cascos cada vez mas maltrechos, levantamos la admiración de los pueblerinos. Con cascos y sin Bucéfalo parecemos viajeros espaciales. Partimos a el aeropuerto en busca de un ATM. Al salir me sorprendió un tumulto de gente, era el efecto pasivo de Bucéfalo, gente atónita ante su poder y belleza extraña en comarcas pequeñas.
Zacatecoluca, Usuluta, San Miguel quedaron atrás hasta llegar a pto. La Unión 4 hrs después. Valles rodeados de volcanes donde predomina la caña de azúcar y el maíz. Los puestos de cocos invaden las carreteras por miles y en los tramos donde reparan la carretera, se forman largas líneas donde decenas de personas venden desde chicles hasta frutas, multitudes de personas invaden las ventanillas de los coches aun peor que en los semáforos de Cd. Juárez.
Llegamos a Santa Rosalía ya atardeciendo, mientras Alex buscaba a sus parientes lejanos en el directorio telefónico de la presidencia municipal, platicaba yo con Roque y la bola de señores de esos que tienen poco que hacer y salen de sus aburridas casas a ver pasar la gente que dan vueltas alrededor de la plaza.
Empezamos con la similitud de nuestro viaje con el del Che, de inmediato supe que sabía. Después de un rato se a sinceró. Fue guerrillero en los tiempos de la guerra civil salvadoreña. Nos platico el panorama de la lucha armada a grandes rasgos, luego se puso específico hasta dar nombres de compañeros caídos. Platicaba como el ejercito enlistaba chavalos de 15 años a la fuerza ¨nos secuestraban de las escuelas¨ y también que muchos huían a la guerrilla pues representaba una mejor opción. Con el antecedente de ver visto la película ¨voces inocentes¨ pudimos imaginarnos la vida en aquellos años que ahora nos relataba un sobreviviente.
Santa Rosalía, el pueblo donde estábamos, fue tomado 2 veces, nos dio santo y seña de cómo fue la estrategia, estaba tan emocionado que se agachaba y se levantaba como esquivando balas , hacia señales con las manos, como reviviendo el momento con pasión. Estuvo 2 meses entrenando en sierra maestra, en esos tiempos había, salvadoreños, peruanos, chilenos, colombianos y gente de casi todos los países Latinoamericanos entrenando en Cuba, había entrenadores rusos tratando de expandir su revolución y vietnamitas enseñando la estrategia de los túneles. ¨La lucha ya no es armada¨ comenta, los partidos de izquierda se están apoderando de América Latina por fin y cierra con un ¨ solo falta que en México gane el PRD¨ Me impresiono su sabiduría en el campo de la política Latinoamericana bien enterado de todos los movimientos actuales de los partidos y corrientes de izquierda.
40 km de escabroso camino, la oscuridad de la noche no nos ayudaba mucho tampoco, duramos 2 hrs en cruzarlo, llevábamos a bucéfalo casi cargando. Nos tiro unas 20 veces. Pero valió la pena la pena, Las 2 hijas del don nos trataban como reyes, nos daban de comer como si estuviéramos en engorda. Comimos 4 veces al día, leímos y escribimos mucho.
Muchas historias de indocumentados en el salvador, cerca de 2 millones de salvadoreños viven en EUA., Casi un quinto de su población total. ¨la vida del inmigrante es barbarᨠconcluye un don de triste historia. El sueño americano le dio dólares pero le quito a su mujer, sus hijos, su casa, su felicidad y la mitad de la cara en un accidente automovilístico. Ahora vive solo, hambriento y sin ilusiones Se dedica a cortar caña, esperando ansioso la lluvia que al parecer llegara hasta el próximo año. Con poco que hacer en un `pueblo tranquilo, le entrega su tiempo al aguardiente salvadoreño.
Comimos leche de verdad, recién salidita de la ubre, huevos de gallina recién puestos, pescados y camarones del rio que nos tranquiliza con sus aguas a solo 50 metros de ahí. Prepararon para nosotros tamales Salvadoreños, muy parecidos a los Oaxaqueños, arte culinario emanado de la cultura salvadoreña.
El jefe de la familia, Oscar Velásquez, nos platicaba de su experiencia personal de la guerrilla. El siempre permaneció neutral, platica de escenas donde los perros se disputaban los restos de cadáveres tirados en las calles. Cuerpos colgando de arboles hasta que caían al piso por putrefacción. Las personas inocentes fueron los que más sufrieron, los guerrilleros en su intento desesperado por sobrevivir destruían todo a su paso y los militares juzgaban a cualquiera de cooperar con la guerrilla, razón suficiente para meterle un balazo entre los ojos.
La muñeca izquierda sigue molestándome, la falta de plantillas en las botas para mis pies planos deforman y cansan mi caminar y la ceguera nos han sacado más de 2 sustos en la noche con topes, hoyos y vueltas desprevenidas.
El domingo fuimos al campo de futbol a la disputa entre 2 equipos rivales a muerte. Era el clásico del área, la joyita visitaba, el partido fue aguerrido pero nos toco perder. Al final los señores que alentaron a los jugadores todo el partido, gritándoles que hacer, sacaron sus pistolas y se oyeron varios disparos al aire solo para alegrar la fiesta.
Esa fue nuestra última noche en el campo salvadoreño. No pude dormir, Sali a ver la luna entre las montañas. El viaje estaba causando sus estragos en nuestras conciencias. Ya era el día 38 del viaje. Seguía Honduras que a 8 Km de nosotros en línea recta nos esperaba.
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